La DrC. Elizabeth Isaac Alemán es, categóricamente hablando, una de las mujeres que en Cuba más ama el café.

La primera razón es que confiesa ser de esas personas cuyo día debe empezar con una taza de café en las mañanas. Luego, sin importar la posición del sol en el cielo, tiene que ingerir la bebida humeante varias veces, ya sea antes de almorzar, a eso de las 3 o 4 pm cuando las ganas por una taza son más fuertes, o incluso en la tarde noche, cuando ni los más osados lo hacen por temer al desvelo.

Ella, sin importar el horario, lo necesita, como si fuera un sorbo de vida.

La segunda razón es que ha dedicado más de 20 años de vida laboral y personal al estudio de los efectos del agua tratada magnéticamente en el cultivo del café, desde que la planta es sólo un embrión, pasando por los injertos, hasta la etapa en que está en viveros, previo a su sembrado en el campo.

Esas razones avalan que su amor por el café no es sólo por lo gastronómico, por la taza humeante, sino por escudriñar, desde la ciencia, también al aromático cerezo.

Si bien Elizabeth trabaja en el Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado, de la Universidad de Oriente, y llegó de forma accidental a la temática del café, de esa casualidad nació la pasión, un amor en el que tuvo gran influencia las personas con quien compartió conocimientos.

Para la ciencia, refiere Elizabeth, los temas que desarrollaba estaban muy bien, a tono con las líneas investigativas del CITMA, sin embargo, al productor, al cafetalero, otras eran las necesidades que debían ser satisfechas.

Actualmente, la indagación científica conduce a la DrC. Elizabeth Isaac Alemán a la UBPC La Calabaza, en un proyecto también territorial, una entidad donde su principal cultivo también es el café, con la diferencia que aquí la producción es más tecnológica. En ella el agua tratada magnéticamente se aplica al sistema de riego.

El gran sueño de esta científica santiaguera es extender el uso del agua tratada magnéticamente.

El café tiene adeptos de todo tipo, desde aquellos que se precian de colar la mejor bebida, hasta los que estudian sus características organolépticas, cultivos, formas de procesar, pasando por quienes hacen de él, motivación principal de sus carreras profesionales.

Y en este último caso está la DrC. Elizabeth Isaac Alemán, una santiaguera que ha dedicado más de 20 años a estudiar el efecto del agua tratada magnéticamente al cultivo del café, desde que es un embrión hasta llegar a los viveros.

Esta santiaguera confiesa que pretende realizar su sueño, el de probar esta tecnología en la mejora del producto final que es el café en la taza.

Dice que, además de beber el aromático elíxir a cualquier hora, siente devoción por el café cubano, pues ha tenido la oportunidad de degustar los cerezos de otras naciones y por eso afirma, también categóricamente, que su preferido es que el que se obtiene en las montañas de la mayor nación del Caribe.

“Porque me gusta como lo bebemos los cubanos: caliente, amargo, fuerte y escaso; además el café no se sopla, se absorbe, porque es como mejor llega su aroma y esencia. Por último, lo bebo en tres sorbos, como los árabes, donde el primero es el de la amistad, el segundo es el del amor, y el tercero y último sorbo, es el del misterio. ¿No has escuchado que los árabes leen las tazas? Es porque el tercer sorbo es el del misterio”.

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