Quizás el 25 de julio de 1515 cuando el Adelantado Diego Velázquez decidió fundar a Santiago de Cuba, la última de las siete villas iniciales, tembló en esta tierra, o el sol fue más intenso o las aguas azules de la bahía de bolsa abrazaron con más fuerza las montañas que la custodian.

Quizás Velázquez no imaginaba que Santiago de Cuba sería el lugar por donde primero entrarían los esclavos africanos a la isla caribeña, o el sitio de refugio de los franceses que huyeron de Haití en los días de Revolución.

Tal vez no imaginaba que no quedaría una calle o piedra sin experimentar el dolor de las luchas a favor del futuro. Difícil sería contar la historia de Cuba sin narrar los acontecimientos acaecidos aquí.

Tal vez no pensó que este territorio sería crisol de la cultura, cuna del bolero, del son y del ron ligero. Lo cierto es que uno se pregunta ¿cómo no enamorarse de Santiago?
Santiago es una ciudad que se crece bajo el sol feroz de Oriente, dónde a cualquier hora del día o de la noche vitoreas sueños al aire con una guitarra, escuchas el Chan Chan de Compay Segundo y las Lágrimas Negras del Trio Matamoros, mueves las fichas del dominó o terminas bailando a ritmo de corneta china y tambor con un buen trago de agua ardiente o de ron.

Santiago es una ciudad en movimiento, sonante, con un caminar sandunguero de cadera arriba, cadera abajo por calles empinadas y escalonadas, Calle Enramadas, Padre Pico, Plaza de Marte o el Parque Céspedes.

Aquí se respiran aires de folclor, tradición mezclada con modernidad, de religión y diversidad, caribe e identidad.

Aquí gente humilde, preocupada, y c..orajuda lucha, ama, crea y reinventa cada jornada por tenerla más limpia y linda. Yo sé cómo cuidan y presumen de su tierra, porque ser Santiaguero es una condición de vida.

No soy de Santiago, pero Santiago vive en mí. Al igual que el poeta «me encantó porque no se parecía a las otras ciudades que conocía, porque tenía personalidad propia. Vivir en Santiago ha sido aprender, trabajar, crear y compartir.»

Ante el territorio indómito uno cae rendido. Se enamora. Santiago es un tatuaje en el medio del pecho.